martes, 27 de abril de 2010







Para que los hombres

Para que los hombres no tengan vergüenza de la belleza de las flores
para que las cosas sean ellas mismas: sensibles o profundas
de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
por penetrar en el mundo,
con el semblante emocionado y pasajero de nuestros sueños,
o la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro pensamiento,
para que podamos mirar y tocar sin pudor
las flores, sí, todas las flores,
y seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada,
para que las cosas no sean mercancías,
y se abra como una flor toda la nobleza del hombre:
iremos todos hasta nuetro extremo límite,
nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima y segura de una simiente en la noche de la tierra.



Sí, el nocturno en pleno día

Sí, el „nocturno en pleno día“. Qué reposante
la sombra, el baño del asombra.
Algunos brillos, algunas florescencias.Y, ah,
reencotrar el centro de relación. Delicias
de la flores submarinas, frágiles delicias.
La noche íntima está llena del mundo. En la primera
capa del reposo, sólo.Acaso en la segunda.
La fatiga de la luz y del ruido, sonríe, sí, al silencio iluminado
apenas, muy apenas de un pálido cielo abisal.
Silencio, silencio, sombra y silencio reposantes y ah, indispensables.
El nocturno delicado para oír nuestro silencio y el silencio
del mundo,
curvados sobre la sombra opaca, sin reflejos mezquinos o
complacientes.

Nuestro silencio y el silencio del mundo, tan musicales, ah, tan
musicales,
en sus primeras zonas. Porque en cuanto descendemos más nos
sorprende el grito de la vida.
La vida grita, hermanos, en lo profundo del mundo y de nosotros
mismos.
La vida herida grita y es inútil nuestro intento de eludir el grito
en el adorable y reposante refugio de nuestra soledad o de nuestra
comunión con las criaturas secretas del mundo.
Ah, cómo quisiéramos encontrar la paz absoluta de la sombra o de la
armonía total
cuando bajamos hacia nuestro silencio enel día o en la noche!
Por unos minutos sólo, aunque fuera por unos minutos, ver alzarse una
tenue constelación de las profundidades últimas.

Subiríamos con una sonrisa más segura, hermanos, para los deberes del
amor.
No el vértigo de la sombra, no, sino el canto de la sombra.

Ah cómo quisiéramos en el silencio de nuestro paisaje ver sólo los juegos de la luz y del agua.
Una impalpable presencia, casi una música, sobre las colinas
olvidadas.


Juan L.Ortiz

3 comentarios:

la stessa ma altra dijo...

ese es tu nuevo hogar??? quiero ir!!! y mecida además por las palabras de Juanele... todo un lujo Caruso!!!

rubencaruso dijo...

es mi nuevo taller
con terraza
ene el medio del raval
un barrio con carácter
venite!!! hacemos lugar

gabriel dijo...

Buenísimo caruso!!! Se ve muy bueno tu nuevo trabajo y el taller, de lujo!!!