domingo, 27 de enero de 2013

ANDREI TARKOVSKY



El arte como el ansia de lo ideal


El objetivo del arte que no quiera ser “consumido“ como una mercancía consiste en explicar por sí mismo y a su entorno el sentido de la vida y de la existencia humana.
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explicarle al hombre cual es el motivo y el objetivo de su existencia en nuestro planeta. O quizás no explicárselo, sino tan solo enfrentarlo a este interrogante.
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en cierto modo la función del arte esta enlazada con la idea del conocimiento, de aquella forma de efecto que se expresa como conmoción, como catarsis.
En cierto sentido el hombre va conociendo de forma siempre nueva la naturaleza de la vida y de su propio ser, sus posibilidades y objetivos.
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se sirve de los conocimientos del pasado. Pero aún así el autoconocimiento ético-moral sigue siendo la experiencia clave de cada persona, una experiencia que tiene que hacer siempre de nuevo él solo.
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Con ayuda de esta imagen se fija la vivencia de lo interminable y se expresa por medio de la limitación: lo espiritual por lo material; lo infinito por lo finito.
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El arte, se dirige a todos, con la esperanza de despertar una impresión que ante todo sea sentida, de desencadenar una conmoción emocional y que sea aceptada. No quiere proponer inexorables argumentos racionales a las personas, sino transmitirles una energía espiritual.
El arte surge y se desarrolla allí donde hay esa ansia eterna, incansable de lo espiritual, de un ideal que hace que las personas se congreguen en torno al arte.
El arte moderno ha entrado por un camino errado, porque en nombre de la mera autoafirmación ha abjurado de la búsqueda de sentido de la vida.
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En el arte no se confirma la individualidad, sino que ésta sirve a otra idea, a una idea más general y más elevada.
El artista es un vasallo que tiene que pagar los diezmos por el don que le ha sido concedido casi como un milagro.
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Una imagen se puede crear y sentir, aceptar o rechazar, pero no se puede comprender en un sentido racional. La idea de lo infinito no se puede expresar por palabras, ni siquiera se puede describir. Pero el arte proporciona esa posibilidad, hace que lo infinito sea perceptible.
A lo absoluto sólo se accede por la fe y por la actividad creadora.
Las condiciones imprescendibles para la lucha del artista hasta llegar a su propio arte son la fe en sí mismo, la disposición de servir y la falta de compromisos externos.
La creación artística exige del artista una verdadera “entrega de sí mismo“, en el sentido más trágico de la palabra. Si el arte trabaja con jeroglíficos de la verdad absoluta, cada unos de éstos es una imagen del mundo, incluido de una vez para siempre en la obra de arte.
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El conocer artístico recuerda un sistema infinito de esferas interiormente perfectas, cerradas en sí mismas. Las esferas pueden completarse o contradecirse mutuamente, en ningún caso sustituirse. Todo lo contrario: se enriquecen mutuamente y forman en su totalidad una esfera especial, más general que crece hasta el infinito.
Estas revelaciones poéticas, de su validez eterna, con fundamento en sí mismas, dan testimonio de que el hombre es capaz de conocer y de expresar de quién es imagen.
El arte es un metalenguaje, con cuya ayuda las personas intentan avanzar la una en la dirección a la otra, estableciendo comunicaciones sobre sí mismas y adoptando las experiencias. No interesado en una ventaja práctica, sino por la idea del amor, cuyo sentido se da en una capacidad de sacrificio enteramente contrapuesta al pragmatismo.
Sinceramente no puedo creer que un artista esté en condiciones de crear sólo por motivos de “autorrealización“.
La autorrealización sin la mutua comprensión carece de sentido.
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El poeta es una persona con la fuerza imaginativa y la psicología de un niño. Su impresión del mundo es inmediata, por mucho que se mueva por las grandes ideas del universo. Es decir, no “describe” el mundo, el mundo es suyo.
Condición imprescidible para la recepción de una obra de arte es el estar dispuesto y ser capaz de tener confianza, fe, en un artista. Pero en ciertas situaciones resulta díficil el grado de incomprensión que nos separa de una imagen poética perceptible exclusivamente por el sentimiento. Lo mismo es el caso de la fe verdadera en Dios, también esta fe presupone una actitud interior especial, un potencial específico, puro, espiritual.
Lo bello queda oculto a los ojos de aquellos que no buscan la verdad.
…percibir y juzgar el arte sin estar dispuesto a reflexionar sobre el sentido y la finalidad de la existencia de éste, ese vacío seduce más de la cuenta y lleva a una formula vulgar y simplista, al “ No me gusta!” o “ No interesa!”. Un argumento fuerte, de quien ha nacido ciego e intenta describir un arco iris. Queda absolutamente sordo al padecimiento que sufre un artista para comunicar a los demás la verdad que experimenta en ello.
continúa.
Andrei Tarkovsky
extractado de “Esculpir el tiempo”