martes, 11 de mayo de 2010









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Aire para librarnos del muérdago de las palabras
y de las telarañas de la visión
y del cementario de los visajes,
de modo que la inocencia de la sangre sea, sin más, la que mire y sea
mirada
por las „visitas“ del límite...

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Aire para escapar, asimismo, al país
de los descubrimientos con el „amigo“,
o el „complice“, en verdad, que los orejeaba, invitándoles a
sobrevolar
o a pulsar, invisiblemente, los límites...
y en cuyos estremecimientos, al igual que en las gramillas, fluían, ya,
todas las pistas
de los misterios...
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Aire para reconocerse en la extraneza
del amanecer

Aire para no morir de amor y de nada
sobre las azoteas que han quedado, repentinamente, sin nube...
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Juan L. Ortiz